jueves, 22 de febrero de 2007

La fimosis


Se trata de uno de los pequeños problemas que pueden surgir en los niños relacionados con la higiene del pequeño. Una dolencia que llegado el caso se soluciona con una sencilla intervención pero que también puede prevenirse siguiendo las pautas que indica el pediatra.
Cuando nacen, prácticamente todos los bebés varones tienen la piel del prepucio adherida al glande dejando al descubierto exclusivamente el orificio urinario y no pudiendo retirarla hacia atrás. Esta característica que se da en los recién nacidos se conoce como fimosis fisiológica. Como definición entendemos por fimosis la dificultad o la imposibilidad para la retracción de la piel del prepucio, la piel prepucial como se denomina, la piel que recubre el extremo del pene o glande.
Durante los primeros años de vida del niño el desarrollo natural de sus tejidos y sobre todo la higiene diaria, van a ir despegando y haciendo que se retraiga por sí sola esta piel. Esta fimosis inicial se suele resolver normalmente entre los 2 y los 3 años aunque también puede prolongarse algún año más. Junto al glande se van a ir generando unas bolitas blancas, de grasa, que definen como esmegmas y que protegen la piel de irritaciones y afecciones cutáneas, estas bolitas o adherencias son bastante frecuentes entre los niños y son independientes de la existencia o no de fimosis. Si el pediatra no recomienda lo contrario es conveniente no eliminar esas bolitas blancas, lo que se debe hacer es retirar suavemente la piel para una mejor higiene pero siempre de forma suave y sin forzarla.
A veces este esmegma acumulado bajo el prepucio se infecta y puede generar una inflamación local que se conoce como balanitis, una inflamación que es dolorosa incluso al orinar y que puede retrasar el proceso de retracción de la piel.
Para el médico la balanitis no es señal de que exista una fimosis pero sí puede indicar que es conveniente intervenir quirúrgicamente para evitar una verdadera fimosis en un futuro, la incidencia de la balanitis es bastante mayor a partir de los tres años de edad y dado el bajo riesgo de las técnicas quirúrgicas empleadas, no es conveniente esperar a la aparición de posibles infecciones para solventar la presencia de una fimosis aunque sea incipiente.
El problema que genera la fimosis está producido por la estrechez de la piel de esta zona, cuando el anillo no es lo suficientemente ancho la piel no consigue retirarse por completo y se produce dolor de intentarlo. Siempre ha de ser el pediatra el que valore la necesidad o no de operar según el grado de fimosis que se halla producido en el niño, si es intensa se suele operar normalmente, si es moderada, cuando se puede llevar a cabo una higiene normal sin causar dolor se esperará para ver como va evolucionando.
La cirugía para corregir una fimosis se denomina circuncisión o postectomía y consiste en dar un corte en la piel del prepucio para así liberar el glande. Aunque actualmente también se está desarrollando la prepucioplastia de Duhamel o dilatación del segmento estrecho que impide retraer la piel. La elección de cada técnica depende de las características de cada niño aunque en general, el postoperatorio de la circuncisión es más molesto. Se trata de una intervención que no está indicada antes del año de edad, sobre todo por el posible riesgo anestésico, salvo en niños con infecciones de repetición.
El primer motivo que lleva a operar la fimosis es la higiene y el segundo, la futura actividad sexual del niño cuando sea adulto.

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