viernes, 9 de marzo de 2007

Jugar para...crecer

No sólo nos debemos preocupar por su salud física, por su alimentación, por su vestido, también tenemos que preocuparnos de algo muy importante: que aprendan, que disfruten, en dos palabras: que jueguen. Los niños juegan para crecer y crecen jugando, sin darse cuenta de que mientras juegan aprenden, se relacionan, descubren: crecen.
Los bebés incluso en las primeras etapas de su vida son seres sociales, animales sociales que van a ir aprendiendo poco a poco a relacionarse con su entorno y su entorno (sus padres, su familia, sus amigos) le van a facilitar a que esa relación sea siempre lo más positiva posible. Cuando ya se sitúa en torno a los tres años de edad, el niño descubre también la dimensión social del juego. Sus primeros juegos han sido con papá y/o con mamá, aunque esta relación sigue siendo central en cuanto a importancia para él, poco a poco se va abriendo y va necesitando nuevas relaciones, relacionarse con iguales, jugar con otros niños, socializarse con su entorno. Primero le gustará estar con otros niños (es la etapa del juego en paralelo, cada uno a lo suyo pero mirándose de vez en cuando) y dependiendo de la evolución de cada uno y en torno a los 3 años ya va descubriendo que le gusta y le apetece jugar e interactuar con otros niños.
Los parques suelen ser los sitios más adaptados a estas nuevas necesidades sociales.
El desarrollo del niño sería como una carrera de vallas que va superando sin gran dificultad. En esas primeras etapas de relación el pequeño está en plena fase del “mío”, no quiere compartir y encima quiere quedarse con lo que no es suyo, está afianzando su propia personalidad para luego relacionarse con los demás. Los adultos tenemos la “complicada” misión de enseñarles a compartir y a no pegar a los demás niños. Es sólo un periodo más.
Aunque ahora quieran estar con niños, quieran relacionarse con iguales, no se han olvidado de jugar con sus padres y de lo mucho que les gusta hacerlo.
Pasar un rato pintando, jugando o simplemente viendo alguna de las películas que a ellos les gustan, junto a los adultos se convierte en uno de los momentos del día en los que más disfrutan los pequeños y los mayores, aunque a veces no nos damos cuenta de lo “ocupados” que estamos con asuntos mucho menos importantes que nuestros hijos. Compartir con ellos una actividad significa que ellos entiendan que son importantes, algo que los juguetes que les podamos comprar nunca les van a proporcionar.
Ellos se dan cuenta de todo y siempre presentan algún tipo de reacción, si en casa no hay tiempo para los más pequeños ellos lo buscarán a través de su conducta, de su comportamiento: hablará sin parar, o no parará de hacer preguntas a los adultos, o cambiará los horarios de sueño, o desafiará las ordenes que se le dan,... comportamientos todos ellos destinados a recuperar o a ganar la atención que necesita, para algunos niños es mejor una atención aunque sea negativa que no tener nada.
No siempre el juguete que nosotros consideramos más atractivo cumple los criterios y las expectativas de nuestros hijos, es lógico, sois dos personas distintas. De todos modos sí es bueno para él que cuando se va a adquirir algún juguete se tengan en cuenta una serie de criterios que van a ayudarnos a seleccionar el que realmente va a ser más adecuado para él.
Es importante que el juguete se adapte a la edad del niño ya que si le compramos uno que peque de demasiado sencillo o de demasiado complicado le aburrirá y no lo disfrutará. Es recomendable que el juguete en cuestión permita distintas opciones, distintos usos o formas de juego para que su atractivo no sea flor de un día, no está la economía como para ir dejando juguetes nuevos abandonados tras una primera sesión e incluso podemos pedirle al juguete que crezca con el niño, que se adapte a distintas edades y a distintas necesidades.
Por supuesto debemos comprobar que está bien construido, que es de buena calidad, que ha pasado los controles pertinentes como para que pueda ser usado por niños de esta edad en cuestión, que sea seguro y que no implique ningún posible peligro con el uso.
Sería estupendo que el niño/a pudiera desarrollar su imaginación cuando utilice sus juguetes, que no sea simplemente un espectador sino que se convierta en el actor protagonista de sus propios juegos, que los juguetes sean, por así decirlo, actores de reparto junto a él. Además el juguete puede ser una herramienta muy productiva a la hora de poder jugar también con otros niños de una forma cooperativa y no competitiva, que no genere conflicto y que de generarlo todos ganen.Muy importante y de lo que hay que huir en beneficio de nuestros propios hijos: de los juguetes que reproducen roles sexistas y de los que potencian un juego bélico y agresivo. No les ayudaríamos en absoluto si no tenemos en cuenta estos dos aspectos tan importantes para su desarrollo posterior como adultos. No se trata de prohibir nada pero sí de enfocar por ejemplo a los niños a jugar también con muñecas, como a las niñas a hacerlo con coches y por supuesto a obviar los juguetes en los que se premia la violencia, no merece la pena que formen parte de los recuerdos infantiles de nuestros hijos.

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