La hernia inguinal

La mayor parte de este tipo de hernias son de carácter congénito y se producen por un fallo durante el proceso de desarrollo de un saco de la cavidad abdominal que se lleva a cabo en las primeras semanas de vida del recién nacido; este proceso se denomina vaginalis y representa un riesgo porque por aquí puede pasar líquido o las vísceras intestinales. De pasar líquido a la bolsa del escroto lo denominamos hidrocele, si es el intestino u otro órgano el que entra en este saco se produce la hernia inguinal.
Normalmente es la madre del pequeño la primera en darse cuenta de esta patología al apreciar un crecimiento anormal en la zona de la ingle o el escroto así como un abultamiento extraño en esta misma zona. Durante el baño o si el pequeño llora desconsoladamente o si está pujando o está irritable, suelen ser motivos suficientes como para llevar al niño al pediatra el cual puede corrobar el diagnóstico de hernia inguinal.
La hernia inguinal es menos frecuente entre la población infantil que el hidrocele (antes mencionado) pero es una patología un poco más seria, de producirse lo hace en el primer año de vida del bebé y más concretamente en los primeros seis meses, es más común entre niños que entre niñas y también afecta más a los bebés prematuros.
Su corrección se lleva a cabo mediante una intervención pediátrica en la que no es necesario hospitalizar al niño aunque sí se emplea anestesia general. Es la intervención más frecuente en cirugía pediátrica después de la amigdalectomia (la tradicional operación de anginas). El procedimiento suele durar una media hora habitualmente y la recuperación es fácilmente apreciable pasadas las primeras dos horas. Las complicaciones suelen ser muy poco frecuentes, según señalan los expertos y además, suelen ser manejadas con carácter ambulatorio. Es también muy poco frecuente la repetición de esta dolencia, el que la hernia vuelva a aparecer una vez intervenido el paciente.
Lo que también es cierto es que de quedar desatendido este problema de salud de nuestros pequeños, el defecto tiende a ir aumentando progresivamente y puede empezar a causar distintos problemas: oclusión intestinal, hinchazón testicular,...
Sobra decir que el bienestar del bebé es primordial por lo que las revisiones pediátricas deben ser estrictas.

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