3/16/2007

La musicoterapia y el "efecto Mozart".

Ante tantos beneficios implícitos de la música en el proceso de crecimiento y educación de los bebés, surge una rama de estudio y análisis que se plantea descubrir, analizar, estudiar y ampliar estos más que posibles beneficios, se trata de la Musicoterapia a la que se le puede considerar la aplicación del arte de la música a una clara finalidad terapéutica.
Algunos expertos también han realizado toda una serie de estudios sobre el efecto que concretamente la música del compositor Wolfang Amadeus Mozart tiene sobre los bebés y sus conclusiones son muy reveladoras. Estos estudios señalan que la música compuesta por este autor, dadas sus características, proporciona a los bebes un mayor desarrollo intelectual y creativo, ya que entre otros aspectos, les proporciona un ambiente de paz y tranquilidad. Los tempos de determinadas obras de Mozart, las tonalidades y las texturas varían ofreciendo a los oyentes (a los bebés) una experiencia desde cualquier punto enriquecedora y educativa.
Pero no hablamos sólo de bebés, según estos estudios la estimulación musical surte efecto desde la semana 20 de gestación, por lo que se recomienda que las embarazadas a lo largo del día escuchen de vez en cuando la música de Mozart. A partir de este momento (la semana 20 de gestación) se sabe que el bebé ya es capaz de oír, por eso se recomienda a la madre que le hable periódicamente porque aunque no entienda el significado de las palabras sí capta el tono, la musicalidad, la intención de las frases como reflejo de las emociones de su madre y estos sonidos se van haciendo familiares y por tanto, a la larga tranquilizadores. La música se convierte en otro canal más para contactar con nuestro futuro bebé. Numerosos estudios han venido a demostrar que los bebés llegan a recordar aquellas melodías que han escuchado con mayor frecuencia dentro del vientre materno, al menos durante el primer año e invariablemente las asocian a un periodo de paz y tranquilidad. La comunicación con nuestro hijo no arranca con la mirada en el momento del nacimiento sino que tiene un precedente mucho más remoto: las voces y los sonidos que él recibe antes de nacer, sólo tenemos que aprender a potenciar y a valorar este vínculo tan poco conocido hasta el momento.
Los científicos y estudiosos de este asunto han descubierto que el bebé, antes de nacer, es profundamente sensible, establece lazos intensos con sus padres y a través de ellos con el mundo exterior. Por esto cantar, bailar o masajear el vientre van a convertirse en estímulos del sistema nervioso del bebé y vana estrechar aún más la relación que lo nutre emocionalmente y que incluso puede pervivir en él como huella inicial de su vida futura.
Se empieza a practicar a finales del siglo XIX con músicos y médicos trabajando de forma conjunta en hospitales psiquiátricos pero su reconocimiento como terapia curativa es mucho más reciente.
Es importante también su vertiente puramente preventiva, ya que la música está unida a la vida del hombre y a sus circunstancias pero no es nada despreciable, según los estudios, su vertiente curativa sobre todo entre enfermos hospitalizados a largo plazo o enfermos psiquiátricos.
La musicoterapia empleada como medida preventiva entre los más pequeños tiene importantes beneficios, de hecho, los propios padres pueden ir descubriendo el potencial de aprendizaje de sus hijos con la simple ayuda de un teclado musical en casa, las lecciones de música no son imprescindibles (aunque sí recomendables) y se pueden suplir por vídeos o consejos siempre eso sí, motivando a los pequeños mediante el sencillo uso de la grabadora. Las prácticas diarias, a modo de juego, se pueden grabar y la mejor versión del día se puede conservar.
La música ayuda a todas las personas, enriquece a todos los seres humanos, no hace selección por edades o por potencialidades, un ambiente musical rico y controlado de estímulos va a proporcionar un caldo de cultivo ideal para el desarrollo emocional, psicofísico y social equilibrado de los más pequeños de la casa de hecho, la falta de estímulos sensoriales repercute negativamente en el desarrollo intelectual, llegando incluso a conflictos conductuales. Cada momento en la vida de las personas requiere de una serie de estímulos sensoriales adecuados que si se le niegan por algún motivo (incluso por desconocimiento) repercutirá en su desarrollo intelectual, emotivo y por ende en su personalidad.

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