Lactancia Materna: los primeros días.

La leche materna es el producto más completo que podemos ofrecer a nuestros pequeños desde el mismo momento en el que llegan al mundo, se ajusta a sus necesidades de inmediato, les protege de infecciones y virus y modifica automáticamente su composición en función del crecimiento del bebé. Además, la propia producción de leche materna se adecua a la demanda y a las necesidades del bebé dependiendo de sus periodos de crecimiento. Es un alimento vivo que da vida.
No existe leche materna de baja calidad según dicen los profesionales y los expertos en esta materia, la leche materna siempre se adecua al bebé y al menos durante los primeros meses es todo lo que este necesita en lo que a alimentación se refiere. Durante los primeros días, la leche es más amarillenta, es lo que se denomina como “calostros” y contiene mayor cantidad de proteínas y sustancias antiinfecciosas. Pasados los primeros días aparece la leche madura que aparentemente es más acuosa en comparación con el calostro porque su componente graso aparece al final de la toma, pero continúa aportando todos los nutrientes que el bebé necesita. En los partos que han sido realizados mediante cesárea, la conocida “subida de la leche” se puede demorar un poco más pero no por eso se debe dejar de ofrecer el pecho al bebé, eso sí, es muy importante encontrar una posición que no moleste a los puntos de la intervención. En caso de que exista un problema más específico como parto prematuro, labio leporino, síndrome de Down,... es conveniente que se consulte antes con el pediatra que valorará las circunstancias específicas.
El principal estímulo que induce a la producción de la leche es la succión del niño, por eso es más que recomendable poner al pecho al niño en las primeras horas de vida. Cuantas más veces se agarre el bebé al pecho de la madre y cuanto mejor lo vacíe, más leche producirá. La cantidad de leche se ajusta matemáticamente a lo que el niño toma y a las veces que este vacía el pecho. Además, el contacto de piel con piel en las primeras horas de vida de nuestro pequeño le relaja, le tranquiliza, le aporta confianza y hace que el duro momento del nacimiento se suavice para él. Durante los primeros meses, algunos expertos recomiendan que no se ofrezca al bebé ni chupetes ni biberones, estos últimos porque además no los necesita. Una tetina no se “chupa” con la misma técnica que el pecho por lo que el pequeño puede confundirse y agarrarse al pecho peor o con menor frecuencia, algo que puede ser muy negativo para la lactancia materna. Además, la “confusión” también puede degenerar en problemas para la madre como las dolorosas grietas en el pezón, la mastitis y a la larga la falta de leche suficiente.
No es necesario lavar el pecho con jabón después de cada toma, eso incluso puede ayudar a la formación de grietas ya que el jabón puede ser demasiado abrasivo con la piel de la zona, lo único recomendable es la ducha diaria y secar bien el pecho tras las tomas. Las grietas de aparecer que no siempre tienen por qué hacerlo, lo harán por una mala posición del niño en el pecho, algo que se supera con la práctica y con el consejo de matrona, enfermera, pediatra o expertas en lactancia materna.
Cada bebé es un mundo, como cada mamá, como cada adulto y cada uno necesita un tiempo para completar una toma, esto es de lógica. Además, la composición de la leche no es igual al principio de la toma que al final, ni en los primeros días o cuando el bebé supera los 6 meses. La leche del principio de la tetada es más acuosa pero tiene más cantidad de proteínas y azúcares que la del final que está más cargada de grasa y de vitaminas. Por todo ello es evidente que sobran las reglas fijas y los tiempos fijos, es mejor ofrecer el pecho “a demanda”, las necesidades de cada pequeño pueden ser de lo más diversas como los tiempos entre una y otra toma. Tampoco es aconsejable que se limiten los tiempos de duración de las tomas, algunos niños obtienen lo que necesitan enseguida y a otros les cuesta más tiempo conseguirlo. Lo ideal es que las tomas duren hasta que el niño se suelte espontáneamente del pecho. Algunos niños consiguen todo lo que necesitan sólo de un pecho y otros necesitan en cada toma vaciar ambos, en esto tampoco hay reglas fijas y nosotros no podemos ponerlas, de eso se encargan los peques. Lo recomendado por los expertos es que se permita al bebé terminar con un pecho antes de ofrecerle el otro, lo importante no es que mame en cada toma de ambos sino que se vacía completamente aunque sólo sea uno de ellos.
Es evidente que tomar el pecho es más que tomar el biberón, es muy diferente, el contacto corporal y la comodidad tanto del bebé como de la mamá son fundamentales. El bebé va a encontrar alimento en su madre además de consuelo, tranquilidad, paz, calor, seguridad, ... Una mala posición o un mal agarre pueden causar molestias fundamentalmente a la madre. El agarre se facilita colocando al bebé girado hacia la madre, con su cabeza y cuerpo en línea recta. No debe tener el cuello torcido o demasiado flexionado o extendido, la cara debería mirar hacia el pecho y la nariz situarse frente al pezón. En posición sentada, es conveniente que la madre mantenga la espalda recta y las rodillas ligeramente elevadas para prevenir dolencias de espalda. Además, la cabeza del lactante debe situarse en el antebrazo y no en el hueco del codo. Es útil apoyar las nalgas del niño y no solo su pequeña espalda. Una vez bien colocado, la madre puede estimular al pequeño rozando con el pezón sus labios para desplazar suavemente al bebé hasta el pecho. El niño se va a agarrar más fácilmente si se le acerca desde abajo, la intención es que el niño introduzca en su boca tanto pecho como le sea posible y coloque su labio inferior alejado de la base del pezón para que le succión sea más eficaz. Es posible incluso dar el pecho a dos hermanos gemelos a la vez, lo cual parece extremadamente complicado, bueno pues es posible y las madres llevamos siglos haciéndolo... Son tantos los beneficios de la lactancia para el bebé y para la madre que no podemos dejarnos vencer por el agotamiento o la desesperación. Es cierto que es duro y complicado compatibilizarla con el resto de nuestra vida pero por eso mismo, es más que recomendable aceptar toda la ayuda que pueda ofrecerse a la madre para descargarla de cualquier otro tipo de tareas, sobre todo durante las primeras semanas, hasta que se readaptan horarios y hábitos. La ayuda, el apoyo y la comprensión son elementos esenciales para el buen desarrollo de la lactancia.

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