12/11/2009

Sanidad privada: ¿sólo negocio?

En pocos días han sido varios los casos de amigas y conocidas que han llegado a mis oídos en los me comentaban cómo han padecido el servicio de la sanidad privada, sí, no es una errata. Lo habitual suele ser quejarse de la sanidad pública y suele ser con razón, bueno pues hoy mi reflexión viene provocada por la sanidad privada.

Hace sólo unos días en la clínica Montepríncipe, en Boadilla del Monte, Madrid, daba a luz una conocida de mi familia a su segunda hija, todo fue estupendamente y el trato tanto de los médicos como de las matronas fue muy profesional. El problema o lo que no se ajusta a la profesionalidad fue todo lo demás, desde la comida que le daban a la reciente madre, a la limpieza de la habitación en la que estaba ingresada y en la que también estaba su bebé, una limpieza que dejaba mucho que desear con restos en la papelera de un ingreso anterior, a mí eso me parece increible pero... me lo creo. Se trata como decía al principio de una clínica gestionada por la sanidad privada, una clínica que ha pasado de ser de referencia en cuanto a trato y cuidados al enfermo, a quedar masificada y por lo que se ve bastante "abandonada". No es que los profesionales médicos sean malos, no, son los mismos que ejercen en la sanidad pública, son grandes profesionales en ambas pero sí es cierto que no son todos los que deberían, ni médicos, ni enfermeras, ni limpiadoras, ni cocineras, ni celadores,... ¿maximizan los beneficios en exceso a costa del servicio que se da a los pacientes? ¿ya no somos pacientes, somos única y exclusivamente clientes? Como es lógico la abuela de la recién nacida se planteó seriamente dejar de pertenecer a la sociedad que gestiona este hospital al sufrir en sus propias carnes como trataban a su hija y a su nueva nieta. ¿Es de recibo?

En mis propias carnes sufrí yo la mala gestión de la sanidad privada con el parto de mis dos hijos, en el Hospital Sur, en Alcorcón, también una localidad madrileña. Con el primero tuve que pasar el trago con la ayuda de la ginecóloga y la matrona, sin más ayuda, sin epidural, con episotomia y fórceps incluidos, una experiencia memorable pero no precisamente por lo agradable. Y con el segudo, el regalo fue una infección hospitalaria, una neumonía que me hizo tener que volver a ser ingresada una semana después de haber tenido un parto excesivamente largo porque mi ginecóloga no llegaba a tiempo...

En fin, a veces, historias como estas me hacen plantearme la necesidad de tener una sanidad privada, sí es cierto que en cuanto a rapidez cuando tienes una urgencia la sanidad privada va por delante de la pública, quizás por la gestión que hacen algunas comunidades autónomas de esta última... ¿Puede seguir siendo legal que se suban las cuotas de sus abonados hasta el punto de que muchos de los mayores de 60 años ya no puedan pagar algo que llevan sufragando desde hace más de 20, 30 o 40 años? ¿es justo que no se limite el negocio de estas sociedades médicas privadas, que no se controle, que no se apliquen cuotas más adecuadas, más apropiadas, que no se premie la antigüedad por ejemplo para que las cuotas de los mayores no sean la excusa perfecta para echarles? ¿sanidad privada o usura?. Yo cada vez lo tengo menos claro.

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