jueves, 28 de junio de 2012

Con Todo Mi Cariño

Esta entrada es de esas que nunca programas, que nunca deseas escribir y que cuando lo haces, lo haces desde el corazón, desde el dolor y desde la amistad.

Porque antes de mamás, las mujeres, somos hijas y hoy una hija se ha levantado sin la compañía de su madre y eso es muy doloroso y esa hija es una de mis mejores amigas y eso hace que también me duela a mí su dolor.
Después de un año muy duro en el que parecía que el cáncer había perdido la batalla frente a la fuerza y a las ganas de vivir de E., al final no ha podido ser. El muy cobarde estaba escondido, agazapado para no salir en las pruebas, en los contrastes, en los tests.

El cáncer nos engañó a todos, a la primera a E. a la segunda a su hija y después a todos. Incluso celebramos juntas en el Zoo con nuestros peques, con nuestras familias que E. había sido más fuerte que él y le había vencido. Y lo ha hecho. El cáncer la atacó de nuevo por la espalda y en un mes, terminó su dolor, su sufrimiento, su tristeza. Estoy segura de que ahora E. se está burlando de él, diciéndole que no ha podido con ella, que no la ha atado a una cama en un hospital aguantando un proceso doloroso y triste, que no ha hecho sufrir a su familia, a su marido que es un cielo, a su hijo y a su hija, que es mi amiga y a la que quiero un montón.
Nunca sé qué debo decir a alguien a quien quiero para consolarle porque no sé que me consolaría a mí en su misma situación, bueno sí lo sé: nada. No hay nada que pueda consolarte cuando pierdes a una madre con la que tenías una relación de amistad, de complicidad, de cooperación, de confesiones, de risas, de discusiones, de respuestas a preguntas que nunca se han formulado. Nada.

Lo que sí sé es que la pérdida se supera con el tiempo, es inevitable, es ley de vida. Será como una pared de la que sacaron un clavo, la pared sigue ahí y el agujero de aquello que falta nos deja vivir en la misma medida en la que forma parte de nuestras vidas. Sus palabras, sus consejos, sus anécdotas, sus enseñanzas, sus risas, su sola presencia, aunque ya no sea física,  forma parte de nuestra propia presencia.
Somos en gran parte lo que nuestras madres han hecho que seamos y eso hace que siempre estén ahí, aquí, con nosotras.

Un beso enorme, nunca podré ni sabré decirte todo esto así, siempre se me ha dado mejor “la pluma” pero si algún día lo lees, tú sabes que todo es cierto y que siempre estaré a tu lado y que yo también recordaré a E. en presente, en nuestro presente, y que así seguirá formando parte de nuestras vidas, como debe ser.

2 comentarios:

  1. Creo que no hay que decir nada con estar con ella, y escucharla si siente la necesidad de desahogarse, es suficiente.
    Siento vuestra perdida pero este post es precioso.

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¿Alguna idea al respecto que te apetezca compartir?
¡¡Genial!!
..y muchas gracias por hacerlo.

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