miércoles, 20 de julio de 2016

Pues no, no me gustan los toros en el ruedo ni lo que tienen alrededor

dolor sangre brutalidad animales


Sin ganas de entrar en polémicas baldías, la verdad es que nunca me han gustado las corridas de toros y no creo que me puedan gustar nunca.

No entiendo la belleza de la tortura, de hacer daño a un animal por entretener a un grupo de humanos. No entiendo dónde está la diversión de colgarse de un pato o hacer bailar a una cabra o golpear a un león. 

No me gustan los animales en cautividad y menos si están en un circo o en una plaza de toros.

Ya me diréis qué os parece a vosotros…


Una de las visiones más duras que recuerdo es en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid.

Una de las visiones más dolorosas que recuerdo es la de ver brotar a borbotones la sangre de un toro después de que el picador le clavara la puya. La puya, la punta de la vara no es especialmente fina, es más o menos como un puño pequeño y se clava las veces que considere necesarias la autoridad, justo en lo alto del lomo del toro.

Con cada latido de su corazón, sale por ese agujero una bocanada de su propia vida, un golpe de sangre en un bombeo agonizante que obviamente le tiene que generar un dolor de tal calibre que le aturde los sentidos.

No entiendo que se lleve a los niños a ver las corridas de toros, lo siento pero no creo que sea coherente mostrarles un espectáculo así y después hablarles del respeto a los animales, pero cada padre y cada madre educa a sus hijos como mejor le parece.

No concibo que la televisión pública emita corridas de toros en horario infantil, no sé en qué piensan los programadores y los responsables de esta decisión si es que piensan en algo o hay más intereses detrás más allá de la educación y la sensibilidad de los niños.

Ricky Gervais también lo tiene muy claro, se podrá estar más o menos de acuerdo en la forma que tiene de expresarlo pero no dice nada que no sea cierto




Y por si aun os queda alguna duda, os dejo esta carta de un técnico de sonido que describe sin filtros qué es lo que realmente se escucha en las plazas, en el albero, junto al callejón.

Cuenta como suena el dolor del animal, como suena la muerte que le van administrando en pequeñas dosis los humanos que bailan a su alrededor sin ningún pudor y sobre todo sin ningún remordimiento mientras “el respetable”… ¿el respetable?¿en serio?




Bueno pues por mi parte está todo dicho... cada uno que saque sus propias conclusiones y que reflexione, a veces creo que nos falta eso también.

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