El escritor que no respetaba a las mujeres. La merienda de Pérez Reverte

Mujer Respeto Machismo


No sé si es un artículo de opinión cargado de mala baba o  una historia de ficción en la que el cinismo se pone a favor de los sentimientos del que escribe pero lo que ha publicado Arturo Pérez Reverte estos días en la prensa, reparte estopa al sector femenino como si no hubiera un mañana.

Después de leerle me queda claro que ha adoptado la pose del escritor que no respetaba a las mujeres porque lo de amarlas ni lo sé ni me importa, bastante me ha hostilizado ya con esta lectura superficial de su defensa del bollo industrial.


Leer a Arturo Pérez Reverte estos días se está convirtiendo en una costumbre en mi caso y claro, no siempre el resultado es del gusto de la lectora, o sea yo.

Sí, no había leído nada suyo hasta que cayó en mis manos su libro sobre la Guerra Civil española escrito para jóvenes y he de reconocer que me ha gustado el tono y la forma. Como me está gustando “La Tabla de Flandes” en la que estoy sumergida estos días, disfrutando con el misterio y el ajedrez de la mano de Julia.

Cuando me topé con el tuit de la RAE enlazando a un artículo de uno de sus académicos en el que se suponía que se hablaba de la merienda del niño, me picó la curiosidad. Pero no caí en la cuenta de que en el caso de Pérez Reverte, la curiosidad puede picar como si fuera una avispa y así fue.

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Su amigo Paco

Todos podemos tener un amigo al que “llamaremos Paco para no complicarle más la vida”. Un amigo divorciado desde hace tiempo.

Lo que no tenemos, ni siquiera el autor, es un amigo al que un día le vino su mujer a decirle “Ahí te quedas, gilipollas, porque me tienes harta” sin que Paco supiera por qué. Siempre se sabe por qué, antes o después.

Pobre Paco, que mala suerte, él estaba ahí repanchingado en su sofá y llegó su mujer a la que amaba por encima de todas las cosas y le soltó esa fresca así, a bocajarro, como solo saben hacerlo las mujeres, con maldad, premeditación y alevosía. Más o menos es lo que viene a supurar el texto sobre este tema pero no se queda ahí ¡aún hay más!

Todo el mundo sabe, sobre todo el mundo en el que se mueve Pérez Reverte al ver lo que escribe, que las mujeres cuando nos juntamos unas cuantas, sacamos las marmitas y nos ponemos a preparar bebedizos y conjuros para atacar a los pobres hombres desvalidos. Somos unas brujas en el más amplio sentido del concepto, Pérez Reverte lo resume en que una de ellas siempre será la inspiradora que pregunte “Cómo dejas que ese hijoputa se vaya de rositas, sácale los tuétanos..”

Y una es mala y la otra es boba y hace lo que dice la mala, porque las mujeres para el autor somos así o malas o tontas, no hay mucho más donde rascar


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...o talibanas, perdón

¡Uy, sí! ¡Me dejaba el otro papel de la mujer según el académico!

El pobre Paco se ha quedado con una mano delante y otra detrás después de que esas arpías recién llegadas, aconsejaran a la “sinsal” de su mujer y ahora a él le toca ir una tarde a la semana a buscar a su hijo al colegio.

Un colegio en una zona céntrica de una ciudad como Madrid, extrapolable a cualquier zona céntrica y de renta media-alta de cualquier otra ciudad española. Un colegio de papis modernos y enrollados que llaman “zorra” a su exmujer, todo en su sitio.

Lo de la relación y responsbailidad de Paco con los disfraces de su hijo es pura ciencia ficción, no se lo cree nadie, ni Paco, ni Arturo, ni el sumsum corda que pasara por allí pero venga, vale, aceptamos pulpo como animal de compañía y nos planteamos que es una licencia literaria del autor para darle más dramatismo a lo que nos va a contar después.

Y después llegan las “madres talibanas” (recuerden, el colegio es de “papis modernos” y “madres talibanas” no perdamos de vista los conceptos) las que tienen como gran enemigo a la harina refinada y las bebidas carbonatadas.

Aquí el autor se suelta la melena y deja volar la pluma, sin ponerle freno a la burla y sin tener en cuenta ni de lejos las cifras de obesidad infantil, las de diabetes en niños o enfermedades relacionadas con la mala alimentación (que no desnutrición, que eso es otra cosa) de los escolares españoles ¿para qué?¿a quién le importa eso si no es una madre talibana?

¿Qué mierda es esa de la fruta ultrasana o el pan integral pudiendo ser el “papi moderno” y enrollado que le de bollería industrial a su hijo? ¡Eso sí que mola! 

Y más así, de tapadillo, como si estuviéramos haciendo algo ilegal, a espaldas de la autoridad, a espaldas de mamá que no tiene ni puta idea de alimentación ni de nada porque todo se lo han metido en la cabeza las brujas con las que se ha juntado después del divorcio.


Pudiéndome hacer gracia la pelea que mantiene Arturo Pérez Reverte con el asunto del género a la hora de expresarnos, creo sinceramente que se le va la mano a la hora de mostrar un mínimo de respeto, que no digo empatía, al empeño que muchas madres están poniendo en la alimentación y la educación de sus hijos. Madres y padres, es cierto y quizás algunos se llamen también Paco, puede ser.

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