miércoles, 25 de enero de 2017

Adolescencia, madurez y responsabilidad: trío de ases en la crianza de nuestros hijos

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Las primeras responsabilidades, esos primeros recados, esa independencia que van demandando cada vez más y por el otro lado, asumir que están haciéndose mayores y que es necesario que poco a poco empiecen a dar esos pasos y dejemos de llevarlos sobre nuestros hombros.

¿Cómo afrontarlos? ¡Ni idea! Pero es cierto que sí, hay que ir dándoles poco a poco independencia y responsabilidades, y todo ello a pesar de las tremendas dificultades con las que nos encontramos las madres y los padres.

Hoy vuelvo a unirme a las reflexiones que un grupo de madres blogueras nos hacemos cada mes, cada una desde su experiencia, su punto de vista y su blog compartimos la realidad de que sí, "Hay Vida Después de los Seis" y toda ayuda para afrontarla con una sonrisa es siempre bien recibida.

Es complicado ir dándoles responsabilidades cuando por poner sólo un dato, la mitad de los padres no tiene tiempo para divertirse con sus hijos según un estudio sociológico en el que Javier Urra y la plataforma “Gestionando hijos” asistieron como asesores.

A más de la mitad de los niños entrevistados en ese estudio les gustaría poder pasar más tiempo con sus padres, participar más con ellos de su ocio habitual y sin embargo unos y otros no pueden hacerlo.

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De niña a mujer

Ya sé que lo decía la canción pero realmente no es fácil entender el paso, el viaje que dan nuestros hijos de la niñez a la adolescencia. No digo que cuando nos tocó a nosotros fuese más sencillo, sólo digo que ahora como madres y padres nos toca tratar de entenderlo desde este lado.

Se empieza a cuestionar el modelo paterno y los amigos empiezan a ser claves para que esa evolución llegue a buen puerto. La autoridad la va a encontrar entre sus iguales y el tema de responsabilidades va directamente relacionado con esa relación entre iguales.

La influencia del grupo de amigos y amigas es vital para lo malo sí, pero también para lo bueno.
Porque no estamos tratando ya con un niño aunque nos cueste entenderlo como padres, pero tampoco estamos tratando con adulto aunque sea a ellos a los que más les cueste entender eso.

La parte de su cerebro que se encarga de los impulsos y las emociones está a mil por hora por culpa de las hormonas que les hacen tener comportamientos impulsivos, mayor emotividad y la necesidad del aquí y el ahora, la prisa por todo, sobre todo aquello que les resulta placentero.

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Teoría y práctica

Es que entre ambas a veces hay un abismo y esta es una de esas veces.

Sólo les daremos responsabilidades cuando puedan asumirlas, cuando sean maduros, cuando estén preparados. Responsabilidades acorde a su edad y a su madurez. Esa es la teoría.

Después llega la inexistente conciliación y lo manda todo al garete. Hay que dejarles la llave de casa para que entren en su domicilio cuando vuelven del colegio y no hay nadie allí. Hay que organizar la nevera para que puedan hacerse la merienda y hay que confiar en que se van a poner a hacer deberes hasta que llegue el padre o la madre y pueda ayudarles si lo necesitan.

Los niños necesitan hablar con sus padres y con sus madres, de las cosas que piensan, que sienten y que les pasan. Y lo necesitan porque les es vital sentir que existe un vínculo con ellos pero ¿cuándo pueden hablar con ellos de lo que les preocupa, de lo que les inquieta, de lo que les resulta curioso si ellos no están en casa?

Es duro leer que muchos se relacionan con sus hijos a través del whatsapp porque no les quedan muchas más vías para conseguirlo. No existe la conciliación ¿cómo plantearse la necesidad de que sean maduros para asumir determinadas responsabilidades?
¿Pensamos en ellos cuando hablamos de la conciliación familiar y laboral?¿Pensamos en los niños?
Complicado, muy complicado encontrar el punto medio para hacerles responsables de algunos aspectos de sus propias vidas. Complicado frenar y distinguir cuando les ayudamos, cuando les enseñamos y cuando les sobreprotegemos.

Preparando este post me acordé de esta charla, son sólo 14 minutos más o menos que merece la pena invertir en conocer esta reflexión de Julie Lythcott. Con algunos aspectos no estoy del todo de acuerdo quizás porque no vivo en Estados Unidos y el problema, el tremendo problema, de la educación superior aún no ha llegado a mi país pero con otras reflexiones estoy tremendamente de acuerdo.

Echadle un vistazo y ya me contaréis si también coincidís en que las tareas domésticas y el amor pueden ser dos de nuestros grandes aliados en la educación de nuestros hijos, en su crianza y en su felicidad.



1 comentario:

  1. Jo, no se me abre el vídeo, al menos desde el móvil. De todas formas lo primero que iba a hacer era comprobar si estaba traducido, para poder entenderlo jeje.

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¿Alguna idea al respecto que te apetezca compartir?
¡¡Genial!!
..y muchas gracias por hacerlo.

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