1/02/2017

De cartas a estudiantes suspendidos con falta de ganas en escuelas rancias

Suspender clases profesores

Lo confieso, soy una de las miles de personas que encontramos oportuna y acertada la carta de Pablo Poó a sus alumnos que han suspendido. Sí, así os lo digo ¡a bocajarro! como dice mi amiga Vero que hay que soltar las cosas importantes.

Y también mantengo que el sistema educativo español es anacrónico, carca y huele a naftalina, que una cosa en mi modesta opinión no quita certeza a la otra, como también pienso que hay grandes profesores que intentan hacer lo que pueden con lo que tienen, aquí y en muchas otras partes del mundo. Y eso es bueno, muy bueno.

No es que yo vea un charco y tenga un tendencia irrefrenable a meterme dentro, de verdad que no y tampoco quería yo empezar el año con polémica sino más con “flower power” pero estas cosas no se eligen.

Sí, me encontraba con el video (porque la carta es en video, que digo yo que Pablo asume que los chavales que han suspendido lo mismo ganas de leer tienen pocas y yo conozco a alguno que así lo confirma) y lo colgaba en mi muro de FB después de verlo con ElMayor.

En FB se abrió un interesantísimo debate con una “amiga de redes” con la que habitualmente siempre estoy de acuerdo salvo en este caso, si es que sino ¡sería tan aburrido todo Almudena! jejejeje

Coincidencias con Pablo

La vida es una putada, en eso el profesor tiene razón y es cierto que quizás a un niño de 12 años eso le viene grande pero a uno de 16 (que legalmente ya puede trabajar) pues ya no tanto y la Enseñanza Secundaria Obligatoria, va de los 12 a los 16 con todo lo que eso significa.

“...en una mente abierta es más complicado entrar, en las mentes cerradas es más sencillo, sólo tienen una puerta...” no hace falta añadir nada más y esta sentencia es aplicable a todas las edades, de los 12 años al infinito y más allá. 

No tienen ni idea de cómo va a ser su futuro, ni ellos ni sus padres ni sus profesores. Nadie. Ni nuestros gobernantes, por mucho que pongan pose de que sí. No, no lo saben, no lo sabemos.



También es cierto que no lo hemos sabido nunca pero cuando era yo quien estaba en el instituto se podía intuir un poco más o menos por donde podían ir los tiros, las posibilidades, los cambios que podrían llegar. 

Ahora quizás sea todo más incierto aún si cabe ¿y qué hace ante eso un niño de 12, 13, 14, 15 o 16 años?¿se deja llevar por la corriente como los peces muertos o se “hipercheta” para tratar de estar preparado ante las distintas opciones a las que pudiera enfrentarse? Me parece bastante obvio lo que creo que debería hacer pero lo creo como adulta y como madre, lo que me parece complicado es hacérselo ver a algunos de esos niños.

Y me diréis que las asignaturas que se dan en clase quizás tengan poco protagonismo en su futuro y quizás volváis a tener razón pero es que estos nos gusten o no: son lentejas.



El sistema educativo huele a rancio

Eso es una verdad innegable, huele y se le escapa el tufillo rancio por cada ladrillo de cada instituto de cada ciudad en la que los estudiantes siguen suspendiendo en gran parte gracias a que no conectan con este sistema o que el sistema no se plantea conectar con ellos, esa lectura también me sirve.

En mayo de 2015 le escribía una carta abierta al entonces Ministro de Educación y Cultura, el culpable creador de la ley Wert, esa ley por la que la escuela pública se sigue desangrando en cada uno de sus tramos: primaria, secundaria y universitaria. El problema no se ha tratado para solucionarlo, sino todo lo contrario.


Y mientras sigamos teniendo gobiernos y gobernantes a los que la escuela pública les importa menos que nada, habrá que seguir reivindicando lo que es justo pero entre tanto, nos guste o no, nuestros hijos siguen en las aulas y les toca jugar con estas cartas.

Estas son las cartas (los exámenes, los terribles libros de texto que a veces seleccionan los claustros de profesores, los trabajos en power point, las clases magistrales,…) con las que jugar esta partida, la de ahora, la de los estudiantes que han suspendido en clase de Pablo y en miles de clases de toda España.

Podemos y debemos tratar de actualizar el sistema pero mientras ¿cómo demonios hacemos que miles de estudiantes reaccionen y se impliquen en su propia educación?

Seguro que formas hay muchas e impedimentos también, los mismos o más pero ¿esto qué es, la decisión personal de un maestro en un aula?¿hay algo más injusto que plantearlo en estos términos?¿qué si el alumnado no consigue motivarse es por qué el profesor de turno no se lo curra lo suficiente?



No soy de cargar las tintas o las culpabilidades en una sola pata, no creo que toda la culpa la tengan los profesores aunque estoy convencida de que tienen una parte, ni pienso que la responsabilidad sea sólo de los alumnos pero sí, también estoy convencida de que su parte en algunos casos no quieren asumirla. Por lo que sea, no lo sé.


Falta de madurez, falta de sentido común, exceso de permisividad en lo que a disciplina se refiere por parte de los padres, aburrimiento extremo que les impide la concentración y contra el que no saben o no quieren poner nada de esfuerzo, falta de motivación porque el sistema no sabe dársela y ellos no saben encontrarla. Os juro que no lo sé y a día de hoy sería uno de los conocimientos que más desearía tener para aplicármelo a mí la primera, podéis creerme.

2 comentarios:

¿Alguna idea al respecto que te apetezca compartir?
¡¡Genial!!
..y muchas gracias por hacerlo.

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