Contra el acoso escolar se puede y se debe luchar

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El acoso escolar en nuestro país sigue siendo un monstruo al que las redes sociales han alimentado aún más y no tenemos muy claro que lo que se está haciendo realmente funcione.

Porque empieza el curso escolar y para muchos niños y niñas los nervios se traducen en pavor a volver al patio. No van a ver a sus amigos sino a sus verdugos.


Ya está más que confirmado que el acoso escolar aumenta el riesgo de padecer trastornos mentales en la edad adulta. Los expertos hablan de patologías como la esquizofrenia o la psicosis, a tener muy en cuenta.

No hablamos de cosa de niños o de conflictos que se resuelven entre iguales, hablamos de violencia y de acosos y según los psicólogos que atienden el teléfono de ANAR se están recibiendo muchas más llamadas que hace por ejemplo seis años.




El acoso no es un juego

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En el teléfono de ANAR reciben peticiones de ayuda de menores, de familia de los menores o de amigos de esos menores. Reciben llamadas de auxilio de niños que llevan mucho tiempo sufriendo porque no saben qué pueden o qué deben hacer en una situación como la que están viviendo.

Si a estas alturas sigue habiendo niños en una situación de angustia y de desinformación de este tamaño, es porque desde las instituciones se está haciendo poco o lo que se está haciendo no es todo lo eficaz que debería ser.

Y sí, digo las instituciones porque ellas deberían ser el motor que empujara a que los maestros y los padres cambiaran de actitud ante una situación de acoso escolar.



Educar en valores

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Sí, al final eso es vital para criar personas sanas ahora en su infancia y mañana cuando sean adultos.

Personas que sepan empatizar con los demás y que no vivan una vida marcada por un sufrimiento que no se supo ver, entender y atajar a tiempo cuando eran niños.

En muchos centros se está poniendo en marcha el ejemplo de Finlandia buscando detener a los acosadores pero además y sobre todo, aumentando el bienestar y la motivación por estudiar del conjunto del alumnado y disminuyendo la angustia y la depresión de la víctima.

Cada uno somos de una manera y nuestro comportamiento, nuestra actitud vital a veces es complicado cambiarla. Por eso el proyecto se plantea que lo importante no es que la víctima cambie (que se haga más extrovertida o más sociable), lo verdaderamente importante es que los testigos cambien para que así se neutralice la actitud del acosador.


  • Se plantean toda una serie de acciones de grupo para aprender entre todos a empatizar, a defender y a apoyar a la víctima.
  • Se organizan clases para reconocer las formas de acoso escolar y mejorar la convivencia del conjunto de alumnos.
  • Se realizan trabajos durante el curso para definir y enfatizar esos conceptos.
  • Se cuenta con material de apoyo para profesores y para alumnos.
  • Se organizan charlas y reuniones en las que hablar de forma libre y sosegada las distintas situaciones y las posibles soluciones.
  • Se replantean aspectos como la puesta en marcha de un buzón virtual, que no se contemplaba al principio del programa, en el que los niños que no se atrevían a contar su caso pueden hacerlo de una forma más sencilla.

Quizás estemos demasiado ocupados en llenar sus cabezas de contenidos del mismo modo que nos las llenaban a nosotros nuestros maestros y nos estamos dejando en el camino su formación como personas.

Y quizás exigimos poco a las administraciones más preocupadas en las grandes fotos y los sonoros titulares que en las políticas inclusivas que realmente afectan al día a día de nuestros hijos. Porque ellos no votarán, pero nosotros, sus padres sí lo hacemos…

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